
La casa de Héctor Servini: un lugar frecuentado (cuando no estábamos peleados... ja)

Armandito: una de las víctimas de la poliomielitis

Una de las casas que están justo frente al chalet de los Pisano es ésta, la de Armandito. No sé el apellido de la familia, ni sé tampoco si siguen viviendo allí. Incluso, no sé si vivirá Armandito.
Ya había contado antes que la última vez que había ido (antes de ahora) lo ví, sólo. Cosa rara porque siempre estaba acompañado de su madre o su padre. O si no, estaba con todos nosotros, la barra de pibes de la cuadra.
Armandito tenía más o menos nuestra edad. Creo que uno o dos años más que yo.
De chiquito había padecido poliomielitis... Sufrió las consecuencias habituales de esa enfermedad, como es un debilitamiento en sus piernas. En su caso no llegó al extremo de necesitar los aparatos metálicos que necesitan éste tipo de enfermos para poder caminar medianamente bien. Sin embargo, la enfermedad atacó su cerebro. Lo dejó con un severo problema que hizo que Armandito quedara permanentemente con una madurez muy inferior a la normal. Supongo que a estas alturas no ha de tener un desarrollo mental superior a un chico de 8 o 9 años de edad.
Nunca fue rechazado por ninguno de nosotros. Es más, solía compartir unos cuantos de nuestros juegos o de nuestras charlas. Claro, a la pelota no podía jugar mucho por su problema en las piernas. Así y todo, cuando no jugábamos un partido "en serio", participaba.
Por esos años (o mejor dicho, en los años en que todos nosotros nacimos) hubo una epidemia de poliomielitis. No sé si muy tarde o más o menos en los tiempos lógicos, se comenzó con una vacunación masiva de la población infantil... y tal vez (desconozco) a las mujeres embarazadas. Por suerte los casos de poliomielitis fueron siendo cada vez más raros y hoy en día es muy difícil ver a alguien que muestre las secuelas.
Armandito, esa última vez que lo ví, estaba exactamente igual... lógico, con alrededor de 50 años de edad, pero con todo su cabello (ondulado, casi crespo). Todo canoso, eso sí. Flaco como siempre y algo encorvado. Y el rostro que, al contrario de su edad mental, parecía ser el de alguien unos años mayor.
Espero que esté bien él y su familia (por él, principalmente)
El edificio de los Fasio... algo así como "la plaza del pueblo"

Ahora el edificio de los Fasio queda algo fuera de lugar en el barrio (al menos, el que era de los Fasio... quién sabe quienes serán los dueños actualmente). Ahora son todas casas tipo chalet en su gran mayoría y éste edificio no se condice demasiado con ese estilo. Es, tal vez, el único que sobrevive intacto al tiempo.
Hasta no hace mucho, el local donde ahora aparece el cartel de una inmobiliaria (Zumbo... que nunca oí nombrar antes) estaba ocupado por el almacén de Fasio, justamente. Evidentemente se vendió (y es probable que junto a lo que le quedaría de propiedad del edificio a la familia Fasio).
El quiosco de diarios que se ve cerrado, pareciera (por su estado) que es el mismo que estuvo ahí. Lo que falta, junto al quiosco, es el techito de la parada del colectivo 269. El mismo techito del que me colgara de sus travesaños de hierro cuando estaba recién colocado para intentar hacer o parecer un artista de circo... o una especie de Tarzán en una selva algo excéntrica...
Las dos ventanas del primer piso pertenecían al departamento que ocupaba la familia Fasio (los padres, que no recuerdo sus nombres, Aníbal "el negro" y sus hermanas: Rosa, la menor... y la mayor, que tampoco recuerdo cómo se llamaba).
En el departamento de arriba, que en la foto está con las dos persianas bajas, vivía mi amigo Julio Fuentes con su familia. Dora, su hermana mayor... y, por supuesto, sus padres.
Apenas si se distingue en ésta foto que el edificio es el último de la cuadra (o el primero, según se lo mire). Apenas se ve una fracción del tejado de la casa de los Milano, el rematador que se encargó de la venta de nuestra casa en el año 1975. Al lado de lo de los Milano vivía la profesora que me preparó para el exámen de ingreso al colegio secundario. En esos momentos, ella y el marido eran los propietarios de un instituto de enseñanza privado (creo que se llamaba Patricios o Granaderos... o algo así. Algún nombre que recordaba a aquellos tiempos de la independencia... creo que Patricios.)
En fin, si bien no es muy lindo el edificio, fue también un lugar muy importante en nuestra infancia. Ahí vivían dos de nuestros mejores amigos (mío y de Héctor) y el lugar donde diariamente hacía sus compras la familia. En los pasillos de ese edificio supe pasar muchas horas jugando o conversando con Julio, compartiendo hasta partidos de fútbol por la radio (él de River y yo de Boca... ja) También la terraza era un lugar clave. Con el tipo de construcción de la zona, la terraza era un mirador privilegiado desde el que se podía tener un buen panorama de todo el barrio. Se puede decir que era, también, un punto de referencia. Algo así como "la plaza del pueblo", pero de dos pisos y terraza...
En fin, no es una belleza... pero fue muy importante, incluso desde antes de terminar de construirse. Es que en ese edificio hay, también, unos cuantos materiales que originalmente habían comprado mis viejos para la construcción de la casa y que, por obra y gracia del constructor, fueron a parar por unos pocos pesos a la vereda de enfrente... al menos, hasta que los viejos se "avivaron" y se cortó el negocio para el constructor y para Fasio... A pesar de todo, nunca supe de alguna discusión con Fasio (tal vez la hubo, pero a mis 4 o 5 años de edad, seguramente no me di cuenta de ello... es más, me enteré del asunto del "traspaso de bienes" cuando yo ya tenía al menos 17 o 18 años).
Hoy es una simple anécdota... un dato más que resalta el gran esfuerzo que tuvieron que hacer los viejos para poder terminar de construír la casa, que gracias a la venta de tanto material a un tercero, tuvieron que pagar dos veces gran parte de ella...
El chalet Pisano...

Los amigos...
Es increíble la memoria. En mi caso, la desmemoria.
No hay caso de poder recordar a todos mis amigos, y de los que sí tengo memoria, en varios casos no me acuerdo de sus nombres de pila.
Estaba Julio Fuentes, que ya nombré antes. Era mi mejor amigo y vivía en el edificio de enfrente de casa... el de los Fasio. Alquilaban un departamento en el primer piso. Bastante amplio, sobre los negocios de la planta baja y al lado del que ocupaban los propios Fasio. Tenía una hermana mayor (Dora) que tenía un problema con sus piernas: eran tipo "macetas". Un verano se fue toda la familia Fuentes a visitar a sus otros familiares a la provincia de Salta. Estuvieron un mes o más. A la vuelta, Dora era otra persona. Había adelgazado bastante y sus piernas eran ya prácticamente normales. Nunca supe a ciencia cierta qué es lo que había hecho para conseguir ese cambio. No creo que haya sido sólo dieta y las cirugías plásticas por esos años eran una utopía.
Justo frente a casa vivían los Servini. Héctor era mi amigo, aunque de vez en cuando teníamos alguna discusión o enojo pasajero. Tenía también una hermana, pero no recuerdo su nombre.
El padre era italiano y había estado en la Segunda Guerra Mundial en el frente de Africa. Nos contó que estando allí, un buen día les llega la orden de trasladarse al frente ruso. Los levantaron así como estaban y se los llevaron. Con la misma ropa que usaban para el calor africano fueron transportados frío de la Unión Soviética. Demás está decir que muchísimos murieron por esa razón, además de otras cosas espantosas que nos dijo que hizo la bajísima temperatura con muchos de sus compañeros. Por ejemplo, que a muchos se les quedaban pegadas las manos al metal de los cañones (prueben de poner un dedo en las paredes de un freezer y verán como se les adhiere un poco... imaginen temperaturas de 10 o 20 grados bajo cero y comprenderán que para poder despegarles las manos forzozamente se les arrancaba la piel, al menos). Otros muchos morían en plena marcha. Quedaban como estatuas. Hasta contó que muchos perdieron sus narices u orejas, que al tocarlas se les quebraban a causa del frío tan intenso. En fin, horrible.
Al lado de la casa de los Servini vivía una señora Blanca y lindante con la casa de ella, estaba Armandito. Un chico más o menos de nuestra edad, pero con un problema de retraso mental, creo que a causa de la poliomielitis. A él lo ví en mi última visita al barrio. Por supuesto no me reconoció, pero yo a é sí. Estaba igual de flaco que siempre, pero lleno de canas. Creo que eso es lo que me causó más impresión.
Al lado de la casa de Armandito, los Ripetta (Pipetta, según la abuelita María). No me acuerdo de los nombres de los hermanos (un varón y una chica). No éramos pocos los que estábamos detrás de ella, que era uno o dos años mayor que nosotros. De todas formas, de vez en cuando compartíamos un rato de la tarde con ella jugando a cualquier cosa, con tal de tenerla cerca.
Su padre era médico y, si no me equivoco, ella y su hermano también estudiaron medicina.
Creo que inmediatamente después (o a dos casas, a lo sumo) vivía Jorge Rendo. No supe más de él hasta que escuché su nombre por radio durante un reportaje telefónico hace como 10 años. Estaba como gerente de no sé qué área de una automotriz (podría ser la Fiat).
Al lado de mi casa vivían los Elman, pero eran mayores que yo... así que la relación era sólo de vecinos. En realidad, de nuestro lado de la avenida no había ningún chico de mi edad. Todos mis amigos eran de la vereda de enfrente.
Al lado de los Elman, un enorme chalet que ocupaba más de media manzana y el terreno llegaba hasta la calle Rauch, la de atrás de casa. Era de los Pisano (creo que aún viven allí) Hoy son dueños de una cadena de grandes pinturerías de la zona oeste del Gran Buenos Aires.
Había más chicos con los que solíamos jugar, pero no eran de nuestra cuadra y no los recuerdo.
Se formaba una buena banda de pibes que, por lo general, nos quedábamos jugando a la pelota en el amplio espacio de pasto que iba desde las casas hasta el cordón de la avenida. Lo más común era que jugáramos frente al chalet de los Pisano, que era el que tenía la superficie más larga (eran como 3 o cuatro lotes juntos) y era ideal para usarlo como cancha. Por supuesto, poníamos alguna ropa o lo que hubiera a mano, haciendo de postes de los arcos y ahí nos pasábamos al menos 3 horas seguidas peloteando. Cuando venían mis compañeros de la escuela, solíamos ir hasta el estacionamiento del club Los Matreros, que ya conté antes.
En primavera o verano salíamos a caminar por todo el barrio y juntábamos frutas dentro de nuestras remeras, que poníamos adentro del pantalón para que nos sirvieran como una bolsa. Toda árbol frutal que asomara alguna rama hacia el lado de la vereda era minuciosamente saqueado por la horda de pibes que formábamos... Nos dábamos grandes panzadas cada tanto.
Otro vecino, que también era compañero de grado en la escuela, era Jorge Campos. Vivía sobre la calle Rauch, casi esquina Monte. Es decir, a poquito más de una cuadra de casa.
En fin, espero que todos estén bien hoy.
Ya no creo que los vuelva a ver alguna vez. No los podría reconocer...