La casa de Héctor Servini: un lugar frecuentado (cuando no estábamos peleados... ja)


En algún momento dije que en la casa de al lado del edifcio de los Fasio vivía una señora, maestra, que se llamaba Blanca. Hoy no estoy tan seguro de su nombre. Pero bueno, creo que no es lo más importante.
La casa esa es la primera de la izquierda en la foto. Evidentemente se hicieron algunos arreglos o reformas porque la fachada no es como era... y se ve que hay restos de escombros en el frente. Tampoco queda césped .
En la casa inmediatamente contigua, que está algo oculta por el árbol, vivían los Servini. Héctor era de mi edad (algunos meses mayor que yo). Donde ahora se ve una ventana (just a la altura del árbol) había una verdulería. No era de los Servini, sino que le alquilaban el local a don Antonio (creo que ese era su nombre). Un italiano que, como Servini, había llegado de Italia después de la guerra. Su hijo mayor tenía estudios universitarios (alguna carrera técnica, pero no sé cual). Me preparó en matemática cuando tuve que rendirla en el Nacional de Morón, en segundo año. Me la había llevado previa.
Sabía mucho y explicaba de manera muy didáctica, así que no tuve mayores problemas en rendirla.
Volviendo a los Servini, ya conté lo que el padre de Héctor nos había relatado acerca de su estadía en Africa durante la guerra y de cuando los trasladaron de allí directamente al frente ruso... con todas las consecuencias que conllevaba pasar del calor africano al invierno ruso.
Con Héctor teníamos una relación de amistad algo inestable. O jugábamos mucho tiempo juntos a lo que fuere (a la pelota, a los cowboys o a lo que se nos ocurriera) o pasábamos a veces largos períodos enojados por alguna tontería... en fin.
En verano nos veíamos menos. Por esos años podíamos irnos seguido a Mar del Plata de vacaciones. Y si no, yo iba todo el verano a la pileta del Club Argentino, del que Héctor no era socio.
Donde sí nos acompañábamos mutuamente era en nuestros cumpleaños. Los dos sufríamos las consecuencias de cumplir años en pleno verano, por lo que muchos de nuestros respectivos compañeros de escuela no venían, porque no los podíamos ubicar o porque se habían ido a la playa. Él los cumplía (y los cumple, espero) 6 días después que yo... el 30 de enero.

Hoy es uno de eso días, viejo... Un poco difíciles; un poco tiernos





Y si... ya sé que fechas como el "Día del Padre" son creaciones comerciales, pero de todas formas siempre hacen que algunas cosas se nos muevan adentro.


Muchos recuerdos y algunas ideas que van apareciendo sin darme cuenta.


El primero de esos recuerdos es el de varios días que pasamos largos momentos juntos haciendo una red para un arco de fútbol que le pedí al viejo.

Compró dos o tres tirantes de madera con los que armó el arco. No sé las medidas, pero estaba perfecto para un pibe de 10 u 11 años, como yo en esos días.

Despuès compró uno o más ovillos de soga finita para hacer la red.

Creo que sobre una madera larga clavó toda una hilera de clavos, espaciados por igual. Cortó una cantidad de soga en partes iguales y después ató cada una a un clavo. A partir de allí había que atar otras sogas transversalmente, haciendo un nudito en cada cruce.

Así estuvimos, como dije, varios días en el garage de la casa haciendo cientos de nudos.

Finalmente llegó el día y fuimos al fondo, aseguramos el arco y fuimos insertando la red en los ganchos que ya había puesto papá en la parte trasera del travesaño.

Muchas tardes pasé con él, con mi hermano y con mis amigos peloteando en el fondo de casa. El sonido de la pelota contra la red me hacía imaginar que estaba en la misma bombonera de Boca Jrs.


Algunas cosas también se me cruzaron con motivo del Día del Padre. Por ejemplo, una especie de balance de lo que papá se perdió de ver y lo que por suerte no vio.

Para no hacerlo muy largo, creo que lo más importante que se perdió de ver fue a Amílcar, su nieto, hijo de Héctor... y Facundo, su primer bisnieto (el nene de mi hija Anabella y Gustavo).

Y algo más superfluo, si se quiere: La gran campaña de su querido Boca de los últimos años.


Algo de lo que por suerte se salvó de ver fue todo el desastre posmenemista y delarruista, cuando el país era una caldera y lo que se sucedió inmediatamente después. También (y creo que es lo principal) el lento deterioro de los últimos tiempos de mamá.


En fin, papá... estas son apenas unas pocas cosas que quieren sintetizar muchísimo más, aunque eso sea imposible.

Ojalá pudiera decirte todo eso mientras tomamos unos mates...

No se puede, lástima... aunque te lo diga todos los días aún sin darme cuenta.


Un beso y un abrazo, viejo...

Armandito: una de las víctimas de la poliomielitis



Una de las casas que están justo frente al chalet de los Pisano es ésta, la de Armandito. No sé el apellido de la familia, ni sé tampoco si siguen viviendo allí. Incluso, no sé si vivirá Armandito.

Ya había contado antes que la última vez que había ido (antes de ahora) lo ví, sólo. Cosa rara porque siempre estaba acompañado de su madre o su padre. O si no, estaba con todos nosotros, la barra de pibes de la cuadra.

Armandito tenía más o menos nuestra edad. Creo que uno o dos años más que yo.

De chiquito había padecido poliomielitis... Sufrió las consecuencias habituales de esa enfermedad, como es un debilitamiento en sus piernas. En su caso no llegó al extremo de necesitar los aparatos metálicos que necesitan éste tipo de enfermos para poder caminar medianamente bien. Sin embargo, la enfermedad atacó su cerebro. Lo dejó con un severo problema que hizo que Armandito quedara permanentemente con una madurez muy inferior a la normal. Supongo que a estas alturas no ha de tener un desarrollo mental superior a un chico de 8 o 9 años de edad.

Nunca fue rechazado por ninguno de nosotros. Es más, solía compartir unos cuantos de nuestros juegos o de nuestras charlas. Claro, a la pelota no podía jugar mucho por su problema en las piernas. Así y todo, cuando no jugábamos un partido "en serio", participaba.

Por esos años (o mejor dicho, en los años en que todos nosotros nacimos) hubo una epidemia de poliomielitis. No sé si muy tarde o más o menos en los tiempos lógicos, se comenzó con una vacunación masiva de la población infantil... y tal vez (desconozco) a las mujeres embarazadas. Por suerte los casos de poliomielitis fueron siendo cada vez más raros y hoy en día es muy difícil ver a alguien que muestre las secuelas.

Armandito, esa última vez que lo ví, estaba exactamente igual... lógico, con alrededor de 50 años de edad, pero con todo su cabello (ondulado, casi crespo). Todo canoso, eso sí. Flaco como siempre y algo encorvado. Y el rostro que, al contrario de su edad mental, parecía ser el de alguien unos años mayor.

Espero que esté bien él y su familia (por él, principalmente)

El Nacional de Morón, otra vez...



Otra vista. Se ve un poco màs la calle nueva que nombraba recién. Y, claro, los cables inundándolo todo una vez más.

Siguiendo en la misma dirección que nos lleva la vista y justo pegado a las vías del Ferrocarril Sarmiento, está el Museo de Morón... allí donde nos reuníamos la mayoría de los alumnos del colegio antes de entrar. Muchas veces también, a la salida. Aunque generalmente solíamos ir a La Jirafa Roja o a Circuito Uno, dos bares cercanos...


Avenida Rivadavia y Casullo, la esquina del Colegio Nacional


Finalmente, el Colegio Nacional de Morón (Hoy, Manuel Dorrego).
Antes la Av. Rivadavia se cortaba aquí y continuaba unas cuadras más adelante. Hoy, se abrió una calle que rodea al colegio y sale por la lateral... y sobre Casullo (la calle del colegio que corta Rivadavia) se construyó un túnel que pasa por debajo de las vías del Sarmiento, donde antes había un paso a nivel. En esa esquina, aunque algo oculto por la obra del túnel, está el museo de Morón. Un edificio muy viejo. Calculo que al menos debe tener unos 200 años.
Volviendo al edificio del colegio, en la planta alta estaban las aulas habilitadas en los años en que yo estuve. Se inauguró la planta alta primero y dos o tres años màs tarde, el resto del edificio.
En el ventanal de atrás, que aparece más en sombras, estaba mi aula de 4º año. Como ya dije en alguna oportunidad, detrás del colegio está el gimnasio y lindante, el Club Deportivo Morón.

El Banco Provincia y una esquina con recuerdos


Esquina de Av. Rivadavia y 9 de Julio. A una cuadra de la estación Morón del Ferrocarril Sarmiento. El edificio pertenece al Banco de la Provincia de Buenos Aires.
Por esta esquina supe pasar miles de veces, en especial durante la etapa del colegio secundario.
A propósito, el Nacional de Morón (hoy, Manuel Dorrego) está sólo a unas 4 o 5 cuadras de esta esquina, por Rivadavia.
Solíamos venir para éste lado en grupos a la salida del colegio y nos juntábamos en Oriente, una pizzería que estaba justo en la esquina que no se alcanza a ver en la foto, a la derecha. A las 5 de la tarde el local estaba literalmente copado por estudiantes que hablábamos mucho y fuerte.
A eso de las 6 de la tarde, los mozos respiraban más tranquilo porque de a poco empezábamos a irnos después de uno o dos cafés.
También me pasaron muchas otras cosas por aquí, que ya iré contando cuando vuelva a los relatos más puntuales.

El cielo (?) de Morón


Y bué... acá se puede ver lo que comentaba antes acerca de los carteles invadiendo la zona de la calzada.
Un asco urbanístico...!!!

Por supuesto que no es patrimonio exclusivo de Morón. Parece como algo ya incorporado a nuestra cultura. Nadie se sorprende, a nadie parece llamarle la atención.
¿Será que nunca conocimos otra cosa?
Sin embargo, si bien antes eran los cables de teléfono, éste fenómeno invasor y altamente antiestético y contaminante se incrementó hasta la exasperación durante los años negros del neoliberalismo del menemismo... Pero pareciera que llegó para quedarse...

Telarañas en la Av. Rivadavia (y en todas partes, para ser sincero)








Y bueno, tampoco se ve demasiado en esta foto. Sí se puede ver otra de las cosas que detesto: los miles de cables que cruzan por todas partes.

Siempre me acuerdo de la época nefasta del menemismo, cuando se vendió la compañía de teléfonos Entel a Telefónica y Telecom. Una de las pocas cosas buenas que empezaron a hacer fue pasar todos los cables bajo tierra. Lo tragicómico fue que, también por esa época, empezó copar el mercado la televisión por cable. Surgieron varias empresas casi al mismo tiempo y todas pugnaban por cubrir con sus redes la mayor cantidad de superficie posible. Era algo de locos. En cada cuadra se podía ver algún grupo de operarios instalando cables, pero aéreos. Cada compañía de cable no sólo colocaba sus cables, sino que cada cual plantaba un poste en cada esquina. Se podían ver racimos de 4 o 5 postes por esquina, de los que salían los cables para las casas.

Es decir, mientras los cables de teléfono al fin eran colocados bajo tierra, el problema se multiplicaba por 10 gracias a los señores de la televisión por cable (ya lo podrán apreciar en esta foto)

En lugar de negociar con las telefónicas para hacer todo conjuntamente, no... que se jodan los peatones y los vecinos de esos barrios.

En fin, cosas de mi país...

El centro de Morón. La locura en colectivo... y en auto... y a pie. Bah... la locura a secas.



En esta última visita al barrio de hace algunos días lo hice junto a mi amiga Mónica. Ella tomó estas fotos de la Av. Rivadavia a la altura del centro de Morón. Para quienes no conocen, llegando desde Buenos Aires se debe pasar por ésta zona para ir hacia Castelar.

El tránsito de vehículos y personas es de locos por momentos. Siempre lo fue, pero esta vez ví mucha mayor actividad.

Era imposible poder estacionar para tomar una foto mejor, así que Mónica intentó sacar algunas fotos desde el auto en movimiento. El ángulo nunca puede ser el mejor en esa posición, además de que permanentemente había algún auto o colectivo que impedía una buena visual.

Como sea, algo se puede entrever en éstas fotos. Como, por ejemplo, algo que me molesta de los últimos tiempos en la zona de Capital y Gran Buenos Aires: la polución visual, producida por cientos de carteles de todas formas y colores que los negocios instalan en los frentes de los locales y que, por lo general, asoman demasiado llegando muchas veces a quedar a la altura del primer carril de la calzada.

Curiosidad curiosa...

Esta vez no uso este apartado de "al márgen" para protestar por algo que no me gusta o que me molesta... o lo que fuere. Simplemente para comentar algo curioso...


Hay 3 españoles que son muy queridos (los españoles más queridos, diría) en Argentina desde hace ya unos cuantos años: Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina y José Sacristán.



La curiosidad es que recién ahora caigo en la cuenta de que los tres tienen las misma iniciales: J.S.
Hay un cuarto español que también se lo quiere mucho, aunque se podría decir que un escaloncito más abajo... y es Ismael Serrano. Tal vez porque en lugar de la J tiene como primera inicial una I, no está en el podio de los otros tres... ja

En fin... una tontería, sí. Pero tontería curiosa...

El edificio de los Fasio... algo así como "la plaza del pueblo"



Ahora el edificio de los Fasio queda algo fuera de lugar en el barrio (al menos, el que era de los Fasio... quién sabe quienes serán los dueños actualmente). Ahora son todas casas tipo chalet en su gran mayoría y éste edificio no se condice demasiado con ese estilo. Es, tal vez, el único que sobrevive intacto al tiempo.
Hasta no hace mucho, el local donde ahora aparece el cartel de una inmobiliaria (Zumbo... que nunca oí nombrar antes) estaba ocupado por el almacén de Fasio, justamente. Evidentemente se vendió (y es probable que junto a lo que le quedaría de propiedad del edificio a la familia Fasio).
El quiosco de diarios que se ve cerrado, pareciera (por su estado) que es el mismo que estuvo ahí. Lo que falta, junto al quiosco, es el techito de la parada del colectivo 269. El mismo techito del que me colgara de sus travesaños de hierro cuando estaba recién colocado para intentar hacer o parecer un artista de circo... o una especie de Tarzán en una selva algo excéntrica...
Las dos ventanas del primer piso pertenecían al departamento que ocupaba la familia Fasio (los padres, que no recuerdo sus nombres, Aníbal "el negro" y sus hermanas: Rosa, la menor... y la mayor, que tampoco recuerdo cómo se llamaba).
En el departamento de arriba, que en la foto está con las dos persianas bajas, vivía mi amigo Julio Fuentes con su familia. Dora, su hermana mayor... y, por supuesto, sus padres.

Apenas si se distingue en ésta foto que el edificio es el último de la cuadra (o el primero, según se lo mire). Apenas se ve una fracción del tejado de la casa de los Milano, el rematador que se encargó de la venta de nuestra casa en el año 1975. Al lado de lo de los Milano vivía la profesora que me preparó para el exámen de ingreso al colegio secundario. En esos momentos, ella y el marido eran los propietarios de un instituto de enseñanza privado (creo que se llamaba Patricios o Granaderos... o algo así. Algún nombre que recordaba a aquellos tiempos de la independencia... creo que Patricios.)

En fin, si bien no es muy lindo el edificio, fue también un lugar muy importante en nuestra infancia. Ahí vivían dos de nuestros mejores amigos (mío y de Héctor) y el lugar donde diariamente hacía sus compras la familia. En los pasillos de ese edificio supe pasar muchas horas jugando o conversando con Julio, compartiendo hasta partidos de fútbol por la radio (él de River y yo de Boca... ja) También la terraza era un lugar clave. Con el tipo de construcción de la zona, la terraza era un mirador privilegiado desde el que se podía tener un buen panorama de todo el barrio. Se puede decir que era, también, un punto de referencia. Algo así como "la plaza del pueblo", pero de dos pisos y terraza...

En fin, no es una belleza... pero fue muy importante, incluso desde antes de terminar de construirse. Es que en ese edificio hay, también, unos cuantos materiales que originalmente habían comprado mis viejos para la construcción de la casa y que, por obra y gracia del constructor, fueron a parar por unos pocos pesos a la vereda de enfrente... al menos, hasta que los viejos se "avivaron" y se cortó el negocio para el constructor y para Fasio... A pesar de todo, nunca supe de alguna discusión con Fasio (tal vez la hubo, pero a mis 4 o 5 años de edad, seguramente no me di cuenta de ello... es más, me enteré del asunto del "traspaso de bienes" cuando yo ya tenía al menos 17 o 18 años).
Hoy es una simple anécdota... un dato más que resalta el gran esfuerzo que tuvieron que hacer los viejos para poder terminar de construír la casa, que gracias a la venta de tanto material a un tercero, tuvieron que pagar dos veces gran parte de ella...

El peluquero (mi personaje más detestado)





A unas 4 o 5 cuadras de la casa estaba la peluquería. Para nosotros era como una especie de sala de torturas.


El peluquero, un hombre que al menos a mi me parecía viejo, no era muy sutil en el manejo de los instrumentos "peluqueriles". En especial una maquinita que se accionaba como si fuera una tijera, pero que en la parte de corte tenía la forma de un peine metálico. Se graduaba según el largo que se deseaba el cabello. Supongo que a nosotros nos cortaría con la gradación 1 a los costados, porque nos lo dejaba bastante corto.


El problema con éste peluquero era que, al cerrar la máquina (repito, como se hace con las tijeras) para cortar, y al moverla luego para cortar en la zona inmediata, no abría... o demoraba un segundo más de lo debido para abrirla y entonces nos provocaba insistentes tirones de pelo que hacían que lo odiara y le temiera profundamente...


En la foto se ve lo que fuera la peluquería. Hoy el local está ocupado por un quiosco.


Está sobre la Av. Sarmiento a menos de una cuadra de Mercedes.


Aquí estoy yo después de pasar por el suplicio del peluquero. Tal vez haya sido en repudio a éste señor que durante mi adolescencia (y aún hoy, aunque ya en menor medida, claro...) siento una fuerte aprehensión hacia los peluqueros y las peluquerías... jaja

El chalet Pisano...


Este es el gran chalet de la familia Pisano. Sigue exactamente igual a cuando vivíamos allí. Sigue sin ningún tipo de rejas, aunque seguramente tendrá algún sistema de alarmas.
A la derecha de la foto hay una garita de algún vigilador (no aparece en la foto) justo en el límite entre el chalet y la casa de los Elman. Donde sí hay una reja que no existía siquiera la última vez que había andado por el barrio es en el lado derecho de la foto, hacia el fondo, cerrando el paso hacia el terreno. En la foto no se alcanza a ver.
Ahora hay algún árbol más en el césped que llega hasta la calle. Es donde solíamos jugar a la pelota.
Lo que creo que es diferente es el color de la casa. No sé si por aquellos tiempos los ladrillos a la vista estaban pintados de blanco como ahora.

Vista actual de la Av. Sarmiento al 1700


Una vista de la Av. Sarmiento desde la altura de la casa (al 1.700). Con la arboleda es algo difícil poder reconocer algunas de las casas de nuestros ex vecinos. Por supuesto, no sé si aún seguirá viviendo alguno de ellos, pero bueno... es mi forma de graficar las ideas.
Al fondo se ve que se acerca un colectivo desde el lado de Castelar. Es el 269, el único que siempre pasó por allí y que comunica, entre otros lugares, las estaciones de Castelar y Morón. En un comienzo tenía el número 69, pero cuando compró la línea la "216", pasó a ser el 269. Por supuesto, en el barrio se lo siguió llamando "el 69".

La casa, hoy (2)


Otra vez la casa tal como se la ve hoy. Pero un poco más de cerca.
Ahora está esa vereda más ancha para la subida de la 4 x 4 que se ve estacionada. Antes eran dos hileras de baldosas que llevaban hasta el garage que ya, por supuesto, no existen.
El césped, eso sí, está bastante descuidado y el árbol que está allí no existía. Había otro más cercano al cordón de la avenida.

La casa que medio se adivina a la izquierda es la de los Elman... y más allá, donde aparece un espacio verde libre donde podría existir otra construcción, es el espacioso jardín del frente del chalet de los Pisano.

Sé que ya lo dije en algún momento, pero es verdaderamente notorio cómo la mente distorsiona las cosas... o cómo las percibe según el momento, la edad y las circunstancias. La zona de césped entre la línea de construcción y la calle se me hace ahora muy pequeñas comparadas con la imágen que yo me había grabado en mi mente de cuando jugábamos horas enteras a la pelota... Tal vez desde la foto no parezca tan así porque sólo aparece la parte del césped... pero yo tomé la foto desde la calle. Calculo que la distancia entre la casa y el cordón debe ser de unos 6 ó 7 metros, no más...

La casa, hoy... (1)


Hoy me fui a dar otra vuelta por Castelar.
El ir poniendo las fotos que había tomado hace un tiempo atrás me hicieron dar ganas de ir de nuevo y tomar algunas otras fotos que no había tomado antes... como la de la casa nueva que está literalmente sobre la que era la nuestra.
Sí, éste chalet que se ve ahora no se parece en nada a nuestra casa. No es que no me guste, pero prefería la nuestra. Por supuesto, es más que nada la carga de recuerdos, vivencias y la importancia familiar de aquella casa.
Este chalet fue construído sobre la estructura de nuestra antigua casa. Se usó la losa y las columnas para montarlo encima. Es como si le hubieran cambiado de traje, en cierta forma. Nuestra casa subyace debajo de esta nueva fachada.
La parte de la planta baja que sobresale en la foto, corresponde a lo que era el garage... y el balcón y la habitación que están sobre esa parte, no existían. El techo del garage estaba libre.
Tampoco nuestra casa era del tipo chalet, sino de las que se llaman de estilo americano.
Lo único que sobrevivió a la pequeña parecita que separaba el jardín de adelante de la vereda, es el gabinete donde está el medidor de gas. Se lo puede ver en la foto a la izquierda de vehículo.
Este chalet ocupa todo el ancho del terreno, mientras que nuestra casa dejaba un espacio verde al costado, con una vereda bordeando la pared externa del comedor. Este paso llevaba directamente al fondo del terreno.
Tampoco la vereda es del mismo tipo de baldosas de las originales.
Es un poco triste no ver sino ínfimos detalles de lo que fue... pero, en fin. Así son las cosas, no?

Los amigos...

¿Qué será de mis antiguos amigos de Castelar?

Es increíble la memoria. En mi caso, la desmemoria.
No hay caso de poder recordar a todos mis amigos, y de los que sí tengo memoria, en varios casos no me acuerdo de sus nombres de pila.
Estaba Julio Fuentes, que ya nombré antes. Era mi mejor amigo y vivía en el edificio de enfrente de casa... el de los Fasio. Alquilaban un departamento en el primer piso. Bastante amplio, sobre los negocios de la planta baja y al lado del que ocupaban los propios Fasio. Tenía una hermana mayor (Dora) que tenía un problema con sus piernas: eran tipo "macetas". Un verano se fue toda la familia Fuentes a visitar a sus otros familiares a la provincia de Salta. Estuvieron un mes o más. A la vuelta, Dora era otra persona. Había adelgazado bastante y sus piernas eran ya prácticamente normales. Nunca supe a ciencia cierta qué es lo que había hecho para conseguir ese cambio. No creo que haya sido sólo dieta y las cirugías plásticas por esos años eran una utopía.
Justo frente a casa vivían los Servini. Héctor era mi amigo, aunque de vez en cuando teníamos alguna discusión o enojo pasajero. Tenía también una hermana, pero no recuerdo su nombre.
El padre era italiano y había estado en la Segunda Guerra Mundial en el frente de Africa. Nos contó que estando allí, un buen día les llega la orden de trasladarse al frente ruso. Los levantaron así como estaban y se los llevaron. Con la misma ropa que usaban para el calor africano fueron transportados frío de la Unión Soviética. Demás está decir que muchísimos murieron por esa razón, además de otras cosas espantosas que nos dijo que hizo la bajísima temperatura con muchos de sus compañeros. Por ejemplo, que a muchos se les quedaban pegadas las manos al metal de los cañones (prueben de poner un dedo en las paredes de un freezer y verán como se les adhiere un poco... imaginen temperaturas de 10 o 20 grados bajo cero y comprenderán que para poder despegarles las manos forzozamente se les arrancaba la piel, al menos). Otros muchos morían en plena marcha. Quedaban como estatuas. Hasta contó que muchos perdieron sus narices u orejas, que al tocarlas se les quebraban a causa del frío tan intenso. En fin, horrible.

Al lado de la casa de los Servini vivía una señora Blanca y lindante con la casa de ella, estaba Armandito. Un chico más o menos de nuestra edad, pero con un problema de retraso mental, creo que a causa de la poliomielitis. A él lo ví en mi última visita al barrio. Por supuesto no me reconoció, pero yo a é sí. Estaba igual de flaco que siempre, pero lleno de canas. Creo que eso es lo que me causó más impresión.

Al lado de la casa de Armandito, los Ripetta (Pipetta, según la abuelita María). No me acuerdo de los nombres de los hermanos (un varón y una chica). No éramos pocos los que estábamos detrás de ella, que era uno o dos años mayor que nosotros. De todas formas, de vez en cuando compartíamos un rato de la tarde con ella jugando a cualquier cosa, con tal de tenerla cerca.
Su padre era médico y, si no me equivoco, ella y su hermano también estudiaron medicina.

Creo que inmediatamente después (o a dos casas, a lo sumo) vivía Jorge Rendo. No supe más de él hasta que escuché su nombre por radio durante un reportaje telefónico hace como 10 años. Estaba como gerente de no sé qué área de una automotriz (podría ser la Fiat).

Al lado de mi casa vivían los Elman, pero eran mayores que yo... así que la relación era sólo de vecinos. En realidad, de nuestro lado de la avenida no había ningún chico de mi edad. Todos mis amigos eran de la vereda de enfrente.
Al lado de los Elman, un enorme chalet que ocupaba más de media manzana y el terreno llegaba hasta la calle Rauch, la de atrás de casa. Era de los Pisano (creo que aún viven allí) Hoy son dueños de una cadena de grandes pinturerías de la zona oeste del Gran Buenos Aires.

Había más chicos con los que solíamos jugar, pero no eran de nuestra cuadra y no los recuerdo.
Se formaba una buena banda de pibes que, por lo general, nos quedábamos jugando a la pelota en el amplio espacio de pasto que iba desde las casas hasta el cordón de la avenida. Lo más común era que jugáramos frente al chalet de los Pisano, que era el que tenía la superficie más larga (eran como 3 o cuatro lotes juntos) y era ideal para usarlo como cancha. Por supuesto, poníamos alguna ropa o lo que hubiera a mano, haciendo de postes de los arcos y ahí nos pasábamos al menos 3 horas seguidas peloteando. Cuando venían mis compañeros de la escuela, solíamos ir hasta el estacionamiento del club Los Matreros, que ya conté antes.

En primavera o verano salíamos a caminar por todo el barrio y juntábamos frutas dentro de nuestras remeras, que poníamos adentro del pantalón para que nos sirvieran como una bolsa. Toda árbol frutal que asomara alguna rama hacia el lado de la vereda era minuciosamente saqueado por la horda de pibes que formábamos... Nos dábamos grandes panzadas cada tanto.

Otro vecino, que también era compañero de grado en la escuela, era Jorge Campos. Vivía sobre la calle Rauch, casi esquina Monte. Es decir, a poquito más de una cuadra de casa.

En fin, espero que todos estén bien hoy.
Ya no creo que los vuelva a ver alguna vez. No los podría reconocer...

Escuela Nº 83 Carlos Guido y Spano (2)

Los otoños y los inviernos de aquellos años eran diferentes a los actuales (en realidad, todas las estaciones del año lo eran).
Apenas comenzado marzo ya se empezaba a hacer notar el fresco por las mañanas y a la noche. Cuando las clases empezaban (generalmente en la primera semana del mes) ya había que ir con algún abrigo liviano. Las hojas de los árboles caían con puntualidad en las proximidades del 21 de marzo y la garúa persistente era una de las características de esa época solían durar hasta dos semanas consecutivas.
Ya más avanzado el otoño empezaban las heladas matinales. El pasto de las veredas se volvía completamente blanco y los charcos se convertían en escarcha. Muchas veces volvíamos a casa al mediodía con algunos sectores de césped aún blancos.
Me acuerdo al menos de una vez que la canilla del patio perdía una gota y durante la noche se había formado una estalactita que bajaba desde la boca de la canilla hasta el piletón.
Los sabañones también eran muy comunes y mis orejas eran su blanco preferido para martirizarme.

Las aulas (los grados, como los llamábamos) tenían apenas una pequeña estufa (no sé si a gas o a querosén). Las manos siempre frías y el "humito" del aliento eran lo habitual.

Las aulas prefabricadas se alineaban a lo largo de una de las medianeras. El resto era el patio que quedaba separado de la vereda por una verja de madera.
Hoy, la escuela tiene todas sus aulas de material y se construyeron más, percisamente donde estaba la verja. No entré nunca más a la escuela, así que no sé bien cómo se distribuyeron los espacios, pero supongo que el patio debe haber quedado muy reducido, porque el terreno no era demasiado amplio.

No sé por qué razón entre nosotros solíamos llamarnos por el apellido (en muchos casos, sigue siendo lo mismo hoy con las nuevas generaciones. Al menos es lo que pude notar muchas veces al escuchar cómo se llaman hoy entre los chicos).
Los compañeros que recuerdo no son muchos: el ya nombrado Oscar "Cacho" Olivera, Jorge Campos (a los dos ya los nombré antes), Aldo Roca (que vivía a la vuelta de la escuela, en la calle Rojas a media cuadra de la av. Sarmiento), María del Carmen Matavacas, y a otras dos chicas, sólo por sus apellidos: Cantalamesa y Mariezcurrena. A Matavacas y Cantalamesa obviamente las recuerdo más que nada por lo singular de sus apellidos que por haber sido demasiado importantes para mí en ese período. Sí lo fue, en cambio, Mariezcurrena... de la que, paradójicamente, no recuerdo su nombre. Cosas de la memoria. O de la desmemoria, quizás.
Mariezcurrena era una linda rubia que vivía sobre la calle Rauch, a unas tres o cuatro cuadras de casa y a la que solíamos visitar cuando nos juntábamos varios fuera de la escuela, para jugar o deambular por el barrio. Algunos íbamos por amistad y otros por otras razones. O por ambas al mismo tiempo...

La maestra de ese tercer grado (qué desastre...!!! Tampoco me acuerdo de su nombre... ni el nombre de ninguna de mis maestras) fue de la que me enamoré, como le sucede a todos o casi todos los chicos. Sé que en alguna parte está la foto que nos tomaron ese año, especialmente la que estoy con ella abrazándome y parados al lado del mástil de la bandera. Seguramente aparecerá en algún momento y la voy a subir.

Noviembre se terminaba y sonó la campana anunciando que había terminado el último día de clases de ese año. Por ese tiempo todavía me alegraba de que empezaran las clases, pero al mes ya me daban ganas de volver. Claro, ya en el secundario la cosa cambiaría...

Escuela Nº 83 Carlos Guido y Spano (1)

Fachada actual de la Escuela Nº 83 Carlos Guido Spano
En 1962 hubo un cambio que para mí fue bastante grande y, en cierta forma, algo traumática.
De la Escuela Modelo de Castelar me pasaron a la Escuela Nº 3 de Morón. Una escuela estatal, de la provincia de Buenos Aires. El edificio ya tenía sus años. Calculo que al menos 20, si no más. Un patio central y todo el ruido de los colectivos que tenían sus paradas sobre la vereda de la escuela. Está a 2 cuadras de la estación de ferrocarril, por lo que son varias las líneas de colectivos que pasan por allí. El frente de la escuela está sobre la calle siguiente (abarca toda una manzana más bien pequeña)
El frente estaba pintado de amarillo y las persianas de las altas ventanas de hierro tenían un sistema que permitía que estuvieran bajas, pero que al mismo tiempo entrara luz y aire. De alguna manera se levantaban los rieles por los que corrían haciendo que quedaran en un ángulo de 45 grados.
Me acuerdo que una mañana, papá tuvo que ir a hacer algún trámite a la escuela y a la salida, en el apuro por ir a tomar el tren, se pegó la cabeza en una de las puntas de una de las persianas. Chichón y lastimadura.
En la escuela 3 estuve sólo tres meses. Cuando ya empezaba a acostumbrarme a la maestra y a mis compañeros, tuvieron que pasarme a una escuela recién inaugurada que quedaba a tres cuadras de casa. Es que la normativa dice (o decía) que había que ubicar a los alumnos en la escuela que quedara más cerca de su domicilio.
La nueva escuela era (es) la Carlos Guido y Spano y tiene el número 83.
Está ubicada a pasos del puente del ferrocarril Sarmiento cruza el arroyo Morón. Por supuesto, a esas alturas ya estaba entubado y sobre él se construyó una calle que comunica el lado norte y el sur de la zona. No recuerdo el nombre de la calle.
La escuelita está en un terreno bastante chico, por lo que sólo tenía cuatro aulas y la dirección.
A la mañana cursábamos los de 3º, 4º, 5º y 6º grado. No recuerdo si a la tarde iban 1º Superior, 1º Inferior y 2º grado (ahora ya no existen más 1º Inferior y 1º Superior. Se los denomina simplemente: 1º y 2º grado. Por eso la primaria termina en el 7º grado, y no en el 6º como terminé yo. En definitiva, es lo mismo)

Frente a la escuela está ARENIL, una institución que se dedica a la rehabilitación de los chicos con parálisis infantil. Al menos esa era su actividad principal por aquellos años, ya que unos años antes había habido una epidemia de parálisis bastante grande. Todavía había algunos casos, pero ya no tantos. Quizás ahora se haya reconvertido y atiendan otro tipo de problemas.
Del otro lado de la vía estaba el Club 77 y frente a él, un terreno muy grande de Vialidad Nacional, donde vivía uno de mis compañeros: "Cacho" Olivera, que era mayor que todos los demás porque había repetido uno o dos grados. Esto lo hacía una especie de "líder" del grupo.

Las aulas eran pobres, pero dignas. Estaban hechas de madera (de las prefabricadas). Los padres trabajaron mucho en la escuela pintando, etc.
La sala donde pasé mi primer año de escuela tenía las paredes pintadas por mi vieja. Le había hecho dibujos que no recuerdo ahora, pero que eran muy lindos... es la sensación que me quedó.
A partir de éste año mi grupo de amigos creció mucho. A Julio Fuentes, Héctor Servini y Jorge Rendo (mis amigos del barrio) se sumaron unos cuantos de la escuela. Especialmente Jorge Campos que vivía a la vuelta de casa, sobre la calle Rauch... y "Cacho" Olivera...

Ese año empecé, sin darme cuenta, a desprenderme un poco de la familia (no tanto, tampoco... pero bastante más que antes. Era lógico, por otra parte...).

Mi última visita al barrio - 6


Vista de la plaza de Morón desde la puerta del antiguo Colegio Nacional. Así, más o menos, la veía yo cuando terminaba el horario de colegio. Al fondo, aunque no se note muy bien aquí, se ve parte del edificio municipal.

Mi última visita al barrio - 5


Frente de la Catedral de Morón.
Está ubicada sobre la calle Nuestra Señora del Buen Ayre, justo frente a la plaza principal de Morón.
Unos metros más hacia el lado de Castelar está el edificio que durante un tiempo ocupó el anexo del Colegio Nacional, donde rendí el exámen de ingreso para el secundario y en el que comencé a cursar el tercer año hasta que se inauguró el nuevo edificio y nos mudaron.
En esta Catedral se casaron mis abuelos paternos (por supuesto, unos cuantos años antes de que yo deambulara por esas veredas)

Mi última visita al barrio - El Club Argentino (Hace unos 5 o 6 años) 4


El Club Argentino de Castelar.

No recuerdo a qué edad los viejos me (nos) hicieron socios del club, pero sin dudas fue muy importante para mi. No es que pasara tanto tiempo allí durante todo el año. Sí en el verano, donde la pileta era el centro de la actividad. Iba o me encontraba con mi amigo Julio. También, por supuesto, con Héctor y sus amigos... aunque ellos ya eran "grandes".
El calor de aquellos veranos era realmente algo insoportable. Por suerte no existía lo que hoy se denomina "sensación térmica", ni los noticieros de radio y TV hacían del clima una obsesión. Si hubiera sido así, creo que habría sido un milagro sobrevivir a esas temperaturas.
Nos íbamos caminando las 10 o 12 cuadras que había entre la casa y el club, pero con gusto porque el premio era la frescura del agua y el compartir el tiempo con los amigos.
La vuelta también era a pie por la calle Mercedes hasta av. Sarmiento y de allí, derecho hasta el 1735.
El agua abría el apetito y la merienda solía ser suculenta. Un buen café con leche con abundante pan crocante con manteca. Mientras tanto, veía en la tele "Supercar", una serie de marionetas que me encantaba. O después, "El Capitán Marte y el XL 5".
Lo que se ve en la foto es la fachada nueva del club. Digo nueva porque lo es para mi. No sé en qué año terminó siendo como es hoy. Sí que antes de irnos de Castelar ya estaba el gimnasio cerrada donde llegué a intentar jugar al básquet, cosa que con mi altura no era tan fácil y no tenía demasiado futuro. Nunca hubiera llegado a ser la cuarta parte de un Ginóbili por màs que me matara... ja

Mi última visita al barrio (Hace unos 5 o 6 años) - 3



Vista del club de rugby Los Matreros. Es la parte del Buffet y los vestuarios.


Está a 3 cuadras de la casa y a una de mi escuela primaria (la Nº 83, Carlos Guido y Spano).


Por éste club pasó muchísima de mi historia de aquellos tiempos. Desde los 9 años, más o menos, íbamos con todo el piberío del barrio y de la escuela a jugar a la pelota en la parte del estacionamiento, que era de tierra y que después fue usado para construir la pileta de natación.


Cuando podíamos, nos escabullíamos a la cancha de rugby y jugábamos ahí. Nos creíamos futbolistas profesionales jugando en un estadio.


Cuano tenía 15 años jugué efectivamente en esa cancha, pero al rugby. Empecé a los 13, medio de casualidad. A veces iba a ver a Héctor y sus compañeros de colegio que habían formado un equipo y jugaban los fines de semana en un terreno de Ituzaingó. Un día les faltaba un jugador y ahí me metieron. Hice un par de tackles interesantes y alguna que otra cosita. La cuestión es que me gustó y así terminé en el Club DAOM, cuando mi hermano y sus compañeros se fueron en masa a jugar allí, en la reserva. Yo empecé en la 5ta división. El club está en el bajo Flores, así que desde Castelar hasta allá se hacía largo. Más que nada a la vuelta, cuando ya estaba muerto por los entrenamientos y porque llegaba a eso de las 12 de la noche a casa y al otro día, a la mañana, tenía que ir al colegio.


En Los Matreros el entrenamiento y las exigencias eran algo mayores, pero ya podía manejarme mejor con los horarios y, además, el equipo andaba bastante bien... lo que me mantenía entusiasmado.

Mi última visita al barrio (Hace unos 5 o 6 años) - 2


Otra foto del Nacional.

Creo que está mejor que la última.

Detrás de ésta parte del colegio se edificó unos años después el gimnasio. Mientras yo estuve hacíamos gimnasia en el mismo lugar, pero al aire libre.

Contiguo al colegio está la cancha del club Deportivo Morón. Una de las tribunas limita con la medianera del gimnasio.

Mi última visita al barrio (Hace unos 5 o 6 años)

Hace rato que no continúo con los relatos familiares. Es hora de retomar, aunque sea brevemente...



Hoy me voy a saltar unos años respecto a lo último que escribí. Es que encontré unas fotos que tomé de varios de los lugares que significaron mucho para mí por aquellos años en Castelar.

Hace unos 5 o 6 años me vinieron ganas de dar un paseo por esos lugares y me llevé la cámara de fotos.



Este es el edificio del Nacional de Morón, que después pasó a llamarse Manuel Dorrego. Hoy está lleno de graffitis, pero cuando yo estuve ahí estaba impecable porque era nuevo y, además, porque en esos años (1966/1970) estábamos con uno de tantos gobiernos militares y el rector del colegio era, casualmente, militar retirado. La disciplina era casi marcial, a pesar de lo cual no dejábamos de hablar y discutir sobre política.

Ese edificio se inauguró en el año 1969. De primero a tercer año los cursé en los edificios viejos. Primero y segundo estaban en el edificio sobre la calle Uruguay, mientras que 3º, 4º y 5º estudiaban en el edificio que estaba frente a la plaza de Morón y que unos años después ocupó durante algún tiempo la Corte de Justicia de Morón.

Ya contaré con más detalle algunas cosas que me pasaron en el colegio. Algunas de las experiencias que más me marcaron por muchos años.






Esta no está nada clara, pero bueno... es lo que hay .. je

Los Kirchner vs. "el campo": Qué feo es ser el jamón del sandwich...!!!

Después de tanto griterío televisivo, de tantas mayúsculas en negrita en los diarios y de tanto notero de cualquier tipo de programa que no tuviera nada mejor que hacer que meterse en lo que no sabe, pero que igual opina... tenemos unos días de un relativo descanso y las góndolas de los supermercados un poco más provistas y productos un tanto más caros que antes de que "el campo" (como grotescamente se lo generaliza) decidiera ponerse el traje de piquetero (pero de piquetero un tanto más "cool" que los andrajosos desocupados que el menemismo, el delarruismo y la dictadura nos legaron, aunque haya unos cuantos simples chacareros tras las barricadas de tractores y camiones.

Tuvieron su primera reunión ayer con la Kirchner y tal vez lleguen a algún acuerdo. Ese acuerdo, muy probablemente, sea más beneficioso para CARBAP, CONINAGRO Y CRA que para los pequeños productores de la Federación Agraria. Lo que sea, algo se podrán llevar también. El gobierno podrá llevarse su tajada con unas retenciones algo menores, pero suculentas al fin y así engordar las reservas en el Banco Central, que como no las usa para crear fuentes de trabajo ni para mejorar las situaciones sociales más desesperantes, no se sabe para qué guarda tanto billete (bueno, si... entre otras cosas, para pagar al contado al FMI en su momento y, seguramente, al Club de París en breve). Pero como siempre, en todo conflicto hay alguien que no queda tan bien parado. Se podría decir que el gobierno tuvo y tiene un costo político que pagar. Puede ser, pero en definitiva lo que le puede costar es algunos votos en las elecciones que vengan... y no sé si serà así, ya que si consiguen que el bolsillo de las clases medias y medias altas no sufran demasiado y se puedan seguir comprando los mp3 nuevos, o los teléfonos celulares de última generación, seguirán cosechando votos (y soja).
Quienes con toda seguridad perdieron y perderán (como siempre) son los sectores más pobres. La inflación galopante que se desató con el desabastecimiento a que sometieron los piqueteros campestres a toda la población hizo que los raquíticos recursos de la mayoría de la población se evaporaran aún más rápidamente. Y ahora que las zanahorias, zapallitos y demás "piqueteados" pudieron llegar a los estantes de los comercios, los precios bajaron... pero como siempre pasa, lo que sube un 50, cuando tiene que bajar sólo baja un 30. Los precios, en Argentina al menos, jamás retrocedieron a lo que eran cuando por alguna razón (real o artificial) subieron en su momento.

Para bien o para mal, las negociaciones entre los diferentes sectores del campo y el gobierno llegarán a algún resultado "x". Pero lo que seguirá y se incrementará será la super explotación sojera de las superficies cultivables y de las que, a fuerza de deforestación, se van agregando día a día. El abandono paulatino y constante de los cultivos tradicionales, como trigo y maíz, por ejemplo. La desertización de la tierra y los problemas causados por las semillas transgénicas. Y, por supuesto, lo que se mantendrá inamovible será la situación laboral de los trabajadores. Seguirán en negro y con salarios paupérrimos, sin cobertura médica y social y expuestos a ser despedidos cuando al "patroncito" se le cante la gana.

Atrás quedarán los miles de litros de leche derramados a la vera de los caminos que jamás llegaron a los chicos más necesitados, o las toneladas de frutas y verduras que se pudrieron en los camiones que esperaron inútilmente durante días y días sobre las rutas cerradas y calcinadas por los últimos soles del verano. Y por delante ¿qué?. Lo mismo de siempre. Los mismos ganadores de siempre. Aquellos que desde que se apropiaron de las mayores y más ricas extensiones de tierra masacrando a millones de indios, remedando a los antiguos "cruzados" en su lucha para llevar la luz a los "infieles", aquellos mismos que apoyaron y alentaron a cuánto militar lunático y asesino se le ocurrió ser presidente a la fuerza, aquellos que siempre se acomodan para hacer buenos y rentabilísimos negocios o negociados. En definitiva, los que tienen la sartén por el mango, y el mango también.

Mientras tanto, en el mundo se agrava el tema del hambre y la falta de alimentos causado, en buena medida, por la utilización de la producción agraria para producir biocombustibles. Claro, es más valioso un auto rodando por cualquier calle de cualquier ciudad, que unos cuantos millones de hambrientos matándose (literalmente) en las colas donde pueden conseguir un pedazo de pan a un precio subsidiado para pobres (ya está pasando: muertos en las colas en Egipto y varios países de Africa por peleas por una flautita, un mignon o un mendrugo... ya que no de una baguette, claro)

Acá, en éstas latitudes, "el campo" tendrá sus razones... el gobierno, las suyas. Pero las mayorías más desprotegidas no saben ni pueden identificar con claridad quienes son los que, en definitiva, los están jodiendo. Inocentemente son arrastrados por la propaganda mediática interesada que, dependiendo de qué lado del mostrador le convenga estar a los inversionistas propietarios de los grandes medios de comunicación (o de manipulación), defiende a unos u otros.
Y en el medio, cual jamón del sandwich, todos nosotros.

Cristina Clinton de Kirchner (alias: Evita)



Es cierto que hay personas que por características físicas o por similitudes de personalidad, carácter, etc se pueden parecer o hacernos recordar a otra.
En el caso de Cristina Fernández de Kirchner pareciera que le andan buscando un modelo al que compararla, pero sin mucho éxito, según creo.
Durante la campaña electoral que terminó con su elección como presidenta de la Argentina, la compararon con Hilary Clinton, la mujer de Bill (sigue siéndolo a pesar de la Lewinsky y el toscano). Creo que la pifiaron feo. Sólo se parecen en tres cosas: las dos están casadas con ex presidentes, son abogadas y son mujeres. Al menos hasta el momento no se conoce ninguna historia de Néstor con una becaria. Además, creo que no fuma…
También (y cada vez más insistentemente) se la compara o se le encuentran similitudes con Eva Duarte de Perón (Evita). No la conocí porque soy veterano, pero no tanto… Pero por lo que sé de ella y las fotos y filmaciones que conozco, no me parece que tenga nada que ver con la “abanderada del peronismo”. Por otro lado, jamás podrían tener un alto grado de semejanzas dos dirigentes políticos que se desenvolvieron en escenarios políticos y sociales tan diferentes.
Ni siquiera la Kirchner tiene la voz tan chillona como Evita. Tal vez quieran resaltar la postura algo así como altanera o soberbia. Podría ser. Aunque no sé cuántas mujeres podrían dejar de tener esa postura para dar la imágen de ser fuertes ante la mirada de los hombres, pero principalmente de sus congéneres, las mujeres. Es más, últimamente Cristina insiste en decir en sus discursos que las cosas le cuestan y le van a costar más por ser mujer. Táctica doble: por un lado está dirigida a las mujeres para ganarse su solidaridad. Por el otro, intenta dejar instaurado que si alguien la ataca es por su condición femenina solamente (no sé si será por eso o no, lo cierto es que hay cierto tufillo a tratar de minar o a desgastar su imagen). Además hasta el momento la oposición (o el patético rejunte de políticos mediocres que hay del otro lado del peronismo) no acertó con ningún argumento político de peso y medianamente inteligente como para oponerse a los Kirchner. Eso no quiere decir que los Kirchner sean la octava maravilla. Sólo quiere decir que son algo así como “el mal menor”.
No la voté a la Kirchner ni la votaría, pero no me interesa ver que se le trate de mover el piso a un presidente (o una…). Es más, no votaría nunca más a un o una peronista (sólo voté a Cámpora en el ‘73).
Lo del campo de éstas últimas 3 semanas me parece ya una locura. Locura en la que, lamentablemente, se dejaron meter los pequeños y medianos productores, que le sirven de mano de obra piquetera a los terratenientes de la oligarquía agro-ganadera, la misma que dirige el país desde antes de que se llamara Argentina. Los que casi eliminaron a los indios para marginarlos y saquear sus tierras, que hoy disfrutan y usufructan sus descendientes. Nunca la Argentina consiguió despegar demasiado en el tema de la industria debido a que siempre se quiso hacer del país un mero productor de materia prima. El objetivo de la oligarquía siempre fue superponer sus intereses a los de la mayoría… y además, en pos de sus intereses económicos y de clase, siempre servil con las potencias que dominaran la escena mundial en las diferentes épocas de nuestra historia.
Pero bueno, ya me estoy yendo para otra parte.
Habrá que ver qué otro modelo de mujer encuentran por ahí que les sirva a estos señores para tratar de ridiculizar o demonizar a quien no les gusta o no representa cabalmente sus intereses.
Por mi parte, no me importa a quién se parece o no. Lo único que me importa es que si existen presiones, sean para que el gobierno defina un plan de, justamente, gobierno. Que tenga un rumbo definido y que pueda terminar su mandato sin que tengamos que mirar para los cuatro costados a ver de qué lado nos va a venir el mazazo: golpe económico o golpe de Estado.

De piquetes, cacerolas, traiciones e hipocrecías...

Apenas se le toca el bolsillo, aunque más no fuera por unas pocas monedas, nuestras clases medias altas y burguesas, enseguida muestran la hilacha.

La alta burguesía nacional (y en especial, la agrícolo-ganadera) no había ganado tanto dinero en la historia del país. Sin embargo, apenas se le incrementó un 9 % las retenciones a las exportaciones salieron a hacer un “lock-out” patronal salvaje. Más de dos semanas de un paro con cortes de rutas que no dejó pasar un sólo alimento a los grandes centros urbanos (y a los pequeños, también… dicho sea de paso). Ellos, que tanto se quejaron y se quejan porque aquellos que “su” gobierno menemista dejó en la indigencia más brutal que el país tenga memoria cortaban alguna calle de Buenos Aires para ser vistos… porque si no hacían eso pasaban a ser nada, entes, fantasmas sociales. Porque, además, no tenían un patrón al que hacerle huelga. Ahora, ellos cortan por casi 20 días las rutas de todo el país… pero claro, ellos lo hacen por una reivindicación mucho más justa que los desocupados: no se puede permitir que les recorten un poco sus ganancias. No puede ser que se les impida o se intente frenar la locura de que se le cobre a todo el pueblo argentino el mismo precio por los alimentos que se cobra en Europa, por ejemplo. Siendo un país que puede producir como para alimentar a 300 millones de personas, tenemos al menos 16 millones de argentinos que casi no tienen qué comer porque no pueden pagar lo que pretenden los señores productores.

Lo triste es que los pequeños y medianos productores quedaron pegados a los magnates del campo… a los dueños de los latifundios más impresionantes de toda América Latina. Los pequeños y medianos productores (chacareros y pequeños arrendatarios) hacen las veces de “mano de obra piquetera” para que los señores, sentados en sus cómodos sillones en Buenos Aires terminen negociando a su conveniencia con el gobierno. ¿Acaso los pequeños productores no saben que va a llegar el momento en que los latifundistas terminarán traicionándolos, como siempre lo hicieron?

En definitiva, cuando todo esto termine (al menos temporariamente), quienes habrán perdido serán siempre los mismos: los pequeños y medianos productores y el pueblo más empobrecido.

Fue patético ver a las señoras de Barrio Norte, de Recoleta, Belgrano y de todos los sectores más acomodados haciendo sonar sus cacerolas.

No estoy defendiendo ni quiero defender a éste gobierno, del que tengo mil críticas para hacer (entre otras cosas, el tema de la redistribución de los ingresos, por ejemplo), pero en éste caso, aunque más no sea por una circunstancia determinada, estoy un poquito más cerca y mucho más lejos de lo que siempre estuve de la oligarquía.

Señores del gobierno: es hora de que den algún beneficio a los pequeños y medianos productores del campo… que apoyen más activamente a la pequeña y mediana industria y que usen la inmensa masa de dinero (más de 50 mil millones de dólares) depositada en el Banco Central para crear nuevas y mejores fuentes de empleo para los millones de personas que siguen sin trabajo desde el espantoso período menemista. ¿Para qué queremos tanto dinero debajo del colchón si hay chicos que siguen muriendo de hambre, de enfermedades evitables y que cada vez ven más recortadas las posibilidades de tener una mínima chance de progreso en el resto de sus vidas porque no pueden estudiar o porque sus cerebros se siguen dañando al no recibir la alimentación mínima necesaria?

Dejémonos de boludeces y mentiras.

Al menos esto que pasa ahora sirve para seguir poniendo en evidencia el asco que es la clase dirigente política y productiva de éste país. Claro que seguramente no servirá de nada. Ya veremos, dentro de no mucho tiempo, cómo aquellos que tan entusiastamente abollaron cacerolas el otro día apoyando al campo, van a repudiar cualquier pedido que hagan los medianos y pequeños productores a posteriori del acuerdo de los grandes terratenientes. ¿O nadie se acuerda de aquellos tristes tiempos del 19 y 20 de diciembre de 2001, cuando éstos mismos “ciudadanos” cantaban al paso de los piqueteros: “piquete y cacerola, la lucha es una sola” y, una vez que pudieron ir recuperando de a poco los ahorros que habían quedado encerrados en el “corralito” bancario de Cavallo… empezaron a protestar y a manifestar todo su odio de clase cuando los piqueteros cortaban alguna calle durante una hora para protestar por el abandono en que se los había dejado? Claro, se demoraban 15 minutos arriba de sus autos nuevos y con aire acondicionado… Imperdonable…!!!

No sé si pude expresar claramente lo que quería decir en estas pocas palabras. Lo escribí sin releer ni meditar las palabras. Pero quizás sea mejor así. Tal vez reflejen mínimamente el asco que me da esta burguesía, su insensibilidad ilimitada y su voracidad perpetua.

La familia del lado de mamá...

Algunas fotos de la familia por el lado de mamá...


Acá sólo reconozco a la "abuelita" (como la llamábamos nosotros) y a la prima Cristina, la mayor de todas las primas. (por las dudas, la que está sentada en el césped)



Y acá... también mi abuela a la izquierda, Claudia a su lado, junto al tío René, el mayor de los hermanos de mamá. Al lado del tío, mi primo Mario y de cuclillas, la tía "Negra"

Foto de vacaciones en la playa



Héctor con la abuela María (abuela materna) en, evidentemente, Mar del Plata.
Calculo que Héctor tendría acá unos 9 años...
Como siempre, hacer clic sobre la foto para agrandarla...

La única foto escolar mía que por ahora encontré...



2º Grado "G", según dice atrás de la foto.
Sólo reconozco un par de rostros de todos mis compañeros/as.
Hay personas que se acuerdan de todo sus compañeros, de las maestras y hasta del portero... Yo, ni ahí... como se suele decir ahora.
Si hacen clic sobre la imágen, la verán más grande. Alguien (seguro que mamá) hizo una pequeña cruz con birome sobre mi guardapolvo para que se me pudiera ubicar más fácilmente...
Siendo 2º grado, entonces tenía que ser en la Escuela Modelo de Castelar.

Papá en Jujuy


Papá en Termas de Reyes (Jujuy) en viaje de trabajo, junto a sus compañeros.

Mamá con parte de su familia en Casilda, Sta. Fe


















Hay dos o tres fotos (como en éste caso) que tal vez ya las haya subido. Varias las tuve que eliminar porque las tenía alojadas en Flickr y, como usé el servicio para alojar algunas imágenes de los banners de otros blogs, me cerraron la cuenta y desaparecieron las que yo había subido aquí.
Esta es mamá con su familia de Casilda (mis abuelos y tíos y otros más que no reconozco).

Papá y sus compañeros de oficina
















Sólo me acuerdo del que está apoyado en el escritorio (el de bigote), pero no tengo presente su nombre.
P.D.: Pasó una hora desde que puse esta foto, pero de pronto me acordé del apellido del compañero de bigotes: Fábregas

Mamá en un río de Córdoba

Si no me equivoco, es el río Cosquín.

Mamá con Héctor


Evidentemente, en un lugar de cultivo de calas... pero no sé dónde estaba. Supongo que en Córdoba.




Otra vez, mamá con Héctor... Creo que acá, él es más chico que en la foto de arriba.

Mas fotos de familia (papá... calculo que por el año '65)



Papá con su sobrino nieto (que no recuerdo el nombre), hijo de la "Chiqui" (justo detrás de él)

1958 (II) de independencias, influencias, modelos y demás yerbas.

Papá hacía su parte con los tarros durante los fines de semana, porque en los días hábiles trabajaba en el centro, ahora en el I.A.P.I (creo que las siglas significaban algo así como "Instituto Argentino para la Promoción Industrial). Volvía a casa alrededor de las 9 de la noche. A veces mas tarde, dependiendo del servicio de trenes o de que no hubiera alguna huelga de ese gremio, que en algunas épocas se hicieron constantes.

Como ya dije antes, no recuerdo si en esos primeros años de la Escuela Modelo de Castelar íbamos caminando o nos llevaba mamá con su bicicleta. Seguramente sería lo primero porque no creo que nos llevara a los dos juntos.

Ese mismo camino a la escuela lo haría muchísimas veces en el futuro. Primero yendo al colegio y despuès al Club Argentino. Al club iba más o menos regularmente a lo largo del año. Durante el verano era una cita infaltable cada día. El motivo: la pileta. Era un imán irresistible para mi.
En esa época era una de las pocas piletas de natación que existían en la zona. Me parecía enorme, pero con el tiempo me dí cuenta de la realidad: era bastante chica, especialmente comparada con las que fueron apareciendo con el tiempo. Tenía apenas 25 metros de largo.

Volviendo al tema de la escuela, de pronto sentí que empezaba a ser grande. Por supuesto que no lo tenía claro en ese momento, pero era una sensación que descubrí tiempo después. Había llegado el momento de calzarme el primer atuendo escolar. Con 5 años a cuestas ya había reunido la suficiente experiencia como para encarar ésta nueva etapa, aunque seguramente no la suficiente madurez como para no sentir un poco/bastante de miedo y, lógicamente, ansiedad.
Asimilado todo lo que un pibe a esa edad debe asimilar cuando pisa por primera vez una escuela, el período del Jardín lo pasé bien.
Una de las imágenes que me quedaron es la de la entrada, donde nos juntábamos chicos y padres algo atropelladamente. Multitud de chicos (o eso me parecía). Recuerdo un alambrado con algún tipo de planta trepadora que nos separaba de los chicos "grandes" de la primaria a la hora del recreo.

Hablando de imágenes, la de ese año es una de las tantas fotos que no puedo encontrar. Las fotos escolares eran, como siempre, dos: una grupal y otra individual. En la individual, yo estaba sentado en una de las mesitas de la sala con algunos papeles, pinturitas y cosas así.

El primer año de ir y venir por esas 6 o 7 cuadras, me revelaba cada día alguna cosita nueva que almacenaba en mi mochila (pequeña aún, pero lo suficientemente elástica como para meter todo lo que se me presentaba por delante). Por supuesto que ir, además, con mi hermano mayor me daba (a mi infantil parecer) otra categoría, otro status. Era como ir infiltrándome subrepticiamente por la puerta grande de la "adultez" que representaban sus 9 años y todo su "bagaje de experiencia". Creo que difícilmente un hermano mayor llegue a dimensionar la importancia e influencia que en gran parte de la vida tiene o tuvo o tendrá en sus hermanos menores. Seguro que podrá analizarlo, sopesarlo y sacar conclusiones muy ajustadas a la realidad y tendrá una idea muy próxima, pero siempre quedan muchas cosas imperceptibles aún para uno mismo. Detalles, gestos, modos y formas de ver el mundo. A medida que uno va ganando ciertas "independencias" de los padres, busca (por lo general de manera inconciente) otro nuevo modelo a seguir, a alcanzar. Y ahí está, bien a mano, el hermano mayor. Claro, nosotros (los hermanos menores) no nos damos cuenta de que ellos, a su vez, tienen sus propios modelos a seguir y ni adivina ni sospecha que ellos son modelos de alguien más. En consecuencia, hace su vida como mejor le parece y como mejor puede, acumulando sus propias experiencias y golpeándoses una vez y otra y así, a los tumbos, ambos llegamos a lo que somos, para bien o para mal. Alejándonos y acercándonos, pero siempre ligados por algo más que la comunión sanguínea. Son las pequeñas experiencias y complicidades que se van acumulando, una a una, desde siempre.

1958 (I) cada cual inaugurando proyectos

Creo que por ésta época, mamá seguía pintando cuadros para vender. Estoy casi seguro, porque recuerdo que de tanto en tanto ella (o papá, a veces) iba, entre otros lugares, a una zona que para mi formaba parte de otra galaxia: Chacarita (si es que a esas alturas de mi todavía extremadamente corta experiencia de vida, tenía alguna ínfima noción de la existencia de algo más por fuera del jardín de mi casa y la vereda).
No sé si era un negocio mayorista o minorista, lo que sí sé es que el viaje era (por lo que sabía o inutía) bastante largo.

Tal vez ese 1958 haya sido el inicio en el negocio de los tarros de cocina. Eran de lata (o latón, creo que se les llama ahora) y de varios tamaños. También de diferentes formas, según el uso al que estuvieran destinados. Había para guardar el pan, la harina, los fideos, el azúcar, la yerba y demás. También estaban las paneras, que eran más anchos que altos y tenían una compuertita curvada y que abría por la parte superior para poner o sacar el pan.
A papá le tocaba la parte de darle la pintura de base sobre la que, despuès, mamá le pintaba puntillosamente diferentes ramos o conjuntos de flores coloridas. Papá siempre tomó los trabajos (en esto de los tarros y en otras cosas que hicieron/hicimos en casa) que necesitaban hacerse con el "overall", es decir, aquellos que requerían un trabajo más mecánico y repetitivo. No porque no tuviera sus habilidades, sino porque (creo yo) prefería dejarle el protagonismo principal a mamá en estas cuestiones.
Primero se llevaba todos los tarros "vírgenes" hasta el fondo (lógicamente, tenía que acompañar el buen tiempo) y los apilaba según el órden en que los iba a ir pintando. Usaba un soplete que provocaba una nube de pintura a su alrededor, lo que le daba por momentos un aspecto fantasmagórico ante mis ojos tan nuevos. Se colocaba ropa ya descartada para el uso diario, una máscara para no aspirar la pintura y algo en la cabeza, que creo que era algo así como un birrete.
No nos dejaba acercar mucho para que no aspiráramos la suspensión y tampoco nos ensuciáramos. A medida que iba terminando las diferentes tandas de tarros, los llevaba a algún lugar donde se pudieran secar sin que se les pegara polvillo. A veces, si había viento, los llevaba al garage de la casa que era donde estaba montado el taller de pintura de mamá, porque todavía (y por unos cuantos años más) no tendríamos ningún auto para guardar allí.

Ya secos, todos esas pilas de tarros pasaban a las manos de mamá. (creo que por esos tiempos todavía trabajaba ella sola. Despuès vinieron un par de chicas que la ayudaban. Me acuerdo de Susana, que fue la que estuvo más tiempo. De la otra, de cabello más bien rubio... o castaño muy claro, no me acuerdo el nombre).
Tenía una gran habilidad para componer los arreglos florales, con mucho colorido y gracia. Terminaba su trabajo escribiéndole con el mismo pincel el rubro al que estaba destinado ese tarro. Como dije: pan, harina, azúcar, etc.

fotos de familia



Foto de la 5ª división del Club DAOM publicada en la revista "Rugby XV"

Para esto todavía faltaban unos 10 años, considerando que recién voy por el año '57 en mi relato. Pero tenía ganas de ponerla...

Ah... soy el tercero de arriba, contando desde la izquierda.

Mientras tanto... (1)



Sputnik soviético en órbita




Inauguración del Camp Nou

Mientras tanto... (2)



Prueba atómica de EEUU en Yucca Flats




Triunfo de Juan Manuel Fangio en Nürburgring

Mientras tanto... (3)



Ella Fitzgerald en Amsterdam: Angel eyes




Paul Anka: Diana

Mientras tanto... (4)



Kim Novak: I'll take romance




Brigitte Bardot y Charles Boyer: Une parisienne

Al fin, Castelar...!!! (3)

Que todas las cosas que uno recuerda de la infancia suelen llegarnos distorsionadas no es cosa sólo mía. Y no únicamente de la infancia, sino que en general, todo aquello que uno mira con cierta distancia de años sufre , en mayor o menor medida, de ese fenómeno distorsivo.

Cuando volví a pasar por enfrente de la casa, varios años despuès de habernos mudado, noté que el ancho de las veredas y del césped que llega hasta el cordón de la calle no era tan grande como creía recordar. Para mí era casi como la cancha de Boca, más o menos. Más aún cuando finalmente instalaron un buen sistema de iluminación en toda la avenida y en verano podíamos quedarnos jugando a la pelota hasta que ya era de noche. Pero esto fue algunos años más tarde. Hasta ese momento había iluminación, pero deficiente.

La avenida Sarmiento, donde estaba nuestra casa, era de las pocas calles asfaltadas del barrio (el barrio Parque Ayerza, que llevaba ese nombre porque antiguamente esos eran terrenos de la familia Ayerza, justamente). Según ví en la guía Filcar hace unos días, aparentemente ya no sería más avenida. Figura como una calle común. Hace rato que no paso por ahí, así que no sé si será así o es un error de la guía.
Lo cierto es que las calles que rodeaban la casa eran todas de tierra o mejorado. Sólo cuatro cuadras hacia el norte estaba la calle Alem, que tenía asfalto. Era casi una frontera para mí. Rara vez crucé para el otro lado de Alem. Me acuerdo que en una de esas ocasiones descubrí una casa muy vieja y derruída a unos 20 o 30 metros de Alem, sobre Monte (que ya no es más "Monte"). En la puerta había una viejita que parecía (o me pareció a mí en ese momento) una de esas brujas de los cuentos... por el aspecto y porque, además, fumaba en pipa y hasta toscanos. Pasé algunas veces más por ahí para ver a la viejita, siempre sentada cerca de la puerta de su vieja casa y con la pipa o el toscano en la mano... Claro, después ya pasó a ser sólo algo pintoresco, pero al principio no oculto que me producía algo de miedo y el ir hasta ese lugar era algo así como un infantil placer morboso...

Lo que abundaba en esos primeros tiempos castelarenses eran los terrenos baldíos, lugares que poco tiempo después serían nuestros espacios favoritos de juegos y aventuras con los otros chicos del barrio (que eran muchos, realmente)

A Héctor lo anotaron en la Escuela Modelo, de Castelar. Quedaba (queda) a unas 7 u 8 cuadras de la casa, sobre la calle Mercedes (que es una de las principales que unen toda esa zona con el centro de Castelar). No recuerdo si lo llevaba mamá caminando o con su bicicleta inglesa Raleigh, que le habían regalado a sus 15 años y que Héctor y yo usamos también tiempo después.
Yo todavía, como dije antes, no iba a la escuela así que un rato por día disfrutaba de ser hijo único.

No sé cómo sería el viaje de papá desde el trabajo a Burzaco, pero con el tiempo supe cómo viajaba desde la estación Once ( o Misserere, si bajaba por la plaza de Once) hasta Castelar. Al menos en los años de la presidencia de Illia, cuando le hacía huelga todo el mundo. Papá llegaba destruído a casa despuès de pasar hasta 2 o 3 horas encerrado en el tren repleto de gente. Sobre todo en verano era un verdadero suplicio. Pero eso no hacía que renegara de habernos mudado al Oeste. Creo que, a fin de cuentas, él sentía que era un precio menor por gozar del placer de aquella casa.

Al fin, Castelar...!!! (2)

De a poco "el fondo" se fue poniendo verde. Muy de a poco y con mucho laburo de los viejos. En particular, de mamá. Me acuerdo de verla horas arrodillada sobre la tierra, con un cuchillito en la mano haciendo pequeños pozos para plantar semillas de diferentes clases de flores. Todavía veo, cuando por casualidad paso por algún vivero, los sobresitos iguales o similares aquellos con toda clase de semillas.

Como sembrar todo ese terreno con panes de gramillón significaba bastante dinero (creo que eran los inicios de esa técnica de alfombrar la tierra con esas láminas de tierra con césped), me acuerdo que compraron una cierta cantidad y mamá los iba deshaciendo con cuidado y replantaba cada plantita de gramilla cubriendo la mayor superficie posible. Después, cuando con el tiempo el gramillón se extendía un poco, cortaba brotes y los volvía a insertar en los espacios que todavía quedaban vacíos. Un trabajo y una paciencia propia de los chinos.

Ya había algunos frutales, como la morera negra de la que hablé antes; otra morera, blanca, que estaba también sobre la izquierda, pero a la altura de la mitad del terreno. No recuerdo si los otros árboles ya estaban o los compraron los viejos después. Lo cierto es que desde siempre recuerdo el limonero, el ciruelo, el damasco y un naranjo...
Además de un damasco de esos de adorno.

Todos estuvieron hasta que dejamos la casa en el '75. No sé si los nuevos dueños dejaron alguno en pie, porque por lo que pudimos ver desde afuera, construyeron en casi todo el fondo.

En ésta casa sí recuerdo que había una bomba para extraer agua, pero parece que la perforación no era lo suficientemente profunda por lo que el agua no era del todo buena. Me acuerdo también que en una ocasión vinieron unos hombres a profundizar el agujero para alcanzar la 3ª napa, si no me equivoco.
El motor con su cubierta metálica estaba al lado de la morera blanca. No se podía olvidar de encenderlo una o dos veces al día para no encontrarnos con la sorpresa de que no teníamos agua. Claro, siempre que no hubiera cortes de luz o baja tensión. Especialmente en verano (bueno, más o menos como hoy... no?). Eran bastante frecuentes los cortes (otra cosa que no había que olvidar era tener una provisión de velas a mano), pero sobre todo las grandes bajas de la tensión eléctrica. Eran tan pronunciadas que sólo quedaba un "hilito" rojo incandescente en las lamparitas, y cada tanto se producían golpes de tensión (o subían, o bajaban de pronto). Por suerte, creo que nunca se quemó ningún aparato de la casa... Bah, eso creo.
No estoy tan seguro, ahora que lo pienso.

Al fin, Castelar...!!! (1)

Se me ocurre que fue más bien a mediados de año que nos instalamos en la casa de Castelar, aunque la lógica dice que tendría que haber sido en enero o febrero, o sea antes del comienzo de las clases. Héctor estaba por empezar tercer grado de la escuela primaria (el cuarto grado actual). Únicamente que le hayan dado el pase de escuela mientras cursaba los primeros meses del año en la St. Michael's de Burzaco (¿o de Lomas de Zamora?).
Yo todavía era chico para ingresar al Jardín de Infantes. En esos tiempos sólo había sala de 5 años y apenas acababa de estrenar 4.

La casa estaba "pelada", recién terminada y con claras evidencias de ello. Tengo una foto en la que Héctor y yo estamos en la veredita del costado de la casa. Héctor de pie y yo sentado en el borde de la ventana del comedor. Ahora no me acuerdo dónde la tengo, pero en cuanto la encuentre la subo.
El terreno, por ejemplo, estaba con poco césped. Con bastante yuyo, eso sí. Había restos de la obra. Supongo que algún pedazo de tierra cubierto por mezcla endurecida. En el fondo del terreno, en la esquina izquierda limitando con las casas de los Elman y la del atrás (me olvidé del apellido de ellos) se había juntado bastante escombro que formaron una montaña de un metro y medio de altura, calculo. La cumbre de éste cúmulo coincidía con el tronco de una de las dos moreras que había. Ésta era la morera negra.
Evidentemente había otras cosas más urgentes que atender, que corregir y/o que hacer nuevas y así fue quedando el montículo de escombros, que terminaron ganándose su lugar porque se cubrieron de césped y otro tipo de plantas al punto de que ya no se notaba que debajo estaban ellos. De a poco se convirtió en un lugar muy importante para Héctor y para mi. Una especie de cita obligada. Ahí teníamos buena sombra en verano, "privacidad", espacio propicio para inventarnos nuestras historias infantiles, una excelente plataforma para trepar desde allí a las ramas de la morera y pasar las tardes enteras entre charlas y divagaciones con nuestros amigos. Podíamos observar sin ser observados. En fin, dentro del mojón que significó la casa para la vida de la familia, la morera y la montañita de escombros fue a su vez, un ícono nuestro. Una especie de "centro de usos múltiples", lugar de esparcimiento y juego, de reflexión, de "interacción comunitaria", de observación y estudio de la naturaleza y proveedor de un postre adicional: las ricas moras negras. Claro, también de muchas manchas en la ropa que seguramente no harían muy feliz a mamá.